En el siglo XIII, San Francisco de Asís realiza la primera representación del nacimiento del niño Jesús con sus hermanos franciscanos y gente del pueblo. Con el tiempo se empezaron a fabricar esculturas en miniatura, vestidas con lujosos ropajes y en diversos materiales convirtiéndose en verdaderas obras de arte.
San Francisco
de Asís siempre había sentido un amor especial por la Navidad. Se acercaba Nochebuena y decidió representar la humildad
del pesebre tal como sucedió en Belén. Según dice la tradición, un milagro
ocurrió: el Niño Jesús quiso estar presente en medio de ellos, apareció en el
pesebre y todos los asistentes pudieron alabar al recién nacido y los ángeles
entonaban alabanzas y cantos.
Desde entonces,
en todo el mundo se celebra Nochebuena, imitando la inspiración de San
Francisco de Asís, en torno a un humilde pesebre que recibe al Hijo de Dios.